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Tener 10.000 mAh de batería siempre ha significado llevar un ladrillo

Del experimento a la realidad. Hasta ahora, habíamos visto baterías con un 10% de silicio, una mezcla que nos ha traído baterías de entre 5.500 y 7.000 mAh que hemos visto en la gama alta. No obstante, los proveedores chinos piensan que el gran salto ocurrirá cuando las marcas logren estabilizar mezclas con un 25% o un 30% de silicio. Esto explica por qué ahora es posible saltar a los 10.000 mAh, dejando obsoletos los estándares que hemos visto en la última década.

Límite físico. A pesar de que esta carrera por los miliamperios hora parece no tener fin, evidentemente existen barreras. Realme llegó a mostrar un prototipo de 15.000 mAh usando un ánodo de silicio puro, aunque la propia marca admitió que es comercialmente inviable en la actualidad.

Una degradación más rápida y la posible hinchazón en la pila por la expansión del silicio puro hacen que, por ahora, la frontera segura y comercializable se sitúe en esos 10.000 mAh que Xiaomi y sus rivales buscan democratizar más pronto que tarde.

La tiranía del enchufe tiene los días contados. La llegada de estos móviles con enormes baterías supone un cambio de hábito radical. Como hemos comprobado en terminales actuales —de transición— que rondan los 7.000 mAh, el objetivo ya no es llegar al final del día, sino cargar el móvil cada tres o cuatro días.

Esta tecnología no solo beneficiará a los móviles grandes (6,5 pulgadas o más): es la salvación para los plegables y también para la corriente de ultrafinos que Samsung o Apple están promoviendo. Por fin podrán tener autonomías dignas sin sacrificar en diseño. Y los smartphones «convencionales», nos darán una gran alegría muchos años después. Estamos listos para estas baterías, solo es cuestión de tiempo que se terminen asentando.

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